No es tan dañoso oír lo superficial como dejar de oír lo necesario.(Marcus Fabis Quintiliano)

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Entre locura y cordura

| 15.12.08
La celebración estos días por parte de TV3 en Catalunya, y de EITB en Euskadi de sendos maratones para contribuir a la investigación de las enfermedades mentales graves, me ha recordado los momentos que viví junto a una persona muy cercana cuando tuvimos que enfrentarnos a la enfermedad primero y después a lo que quizá sea la pelea más difícil: superar las múltiples barreras que impiden o dificultan la socialización de estos enfermos.
Recuerdo que un día, en plena crisis, aprovechando un momento de tranquilidad, ella me preguntó de repente:
“¿por qué yo estoy loca y tú no?”. Aunque me sorprendió, le respondí muy convencida: “No, yo también estoy algo loca, pero la diferencia es que yo he dejado escapar mi locura un ratito cada día, mientras que tú te la has ido guardando muchos años, y ahora te sale toda de golpe”. No fue una respuesta muy pensada, pero conseguí transmitirle que en realidad no éramos tan diferentes, aunque en esos momentos su enfermedad le jugaba una mala pasada.

No quiero trivializar con algo como las enfermedades mentales graves, que tanto sufrimiento provoca a quienes las padecen y a su entorno familiar. La anécdota que os explico sólo pretende ilustrar la relatividad de esa difusa raya entre la razón y la locura, que por una mezcla de prepotencia, ignorancia y miedo, preferimos considerar infranqueable situándonos en el lado de la cordura absoluta y mirando con lejanía a los del otro lado.

Sin menospreciar las dificultades que implican los trastornos de conducta asociados a las crisis o momentos de descompensación, no encuentro justificación para la negativa percepción social sobre los enfermos mentales teniendo en cuenta que su comportamiento en las etapas de estabilización no se aparta del de la mayoría de las personas. Quizá si además de informarnos para poder rechazar prejuicios injustos, se aceptara lo poco excepcional que es perder el control de las emociones y rozar la locura de forma más o menos transitoria, y fuéramos capaces de cuestionar nuestros categóricos conceptos sobre normalidad, se podría observar a estos enfermos desde otra perspectiva más cercana que ayudaría a romper su aislamiento y facilitaría su socialización.

Ayer por la mañana, nuestro psiquiatra de cabecera Imanol Querejeta, lanzaba desde MQP un poco de esperanza para el futuro, basándose en el avance de los conocimientos científicos y en las mejoras del sistema sanitario, y como era de esperar no se olvidó de insistir en la importancia de la aceptación social como requisito para normalizar la vida de estos enfermos.

Totalmente de acuerdo con Imanol, los avances científicos son imprescindibles, pero si no se acaba con ese injusto estigma que condena a quienes padecen enfermedades mentales al silencio vergonzante impidiéndoles su plena incorporación a las actividades sociales, quedará pendiente un aspecto fundamental que restará efectividad a los esfuerzos de los profesionales.

La investigación queda en manos de los científicos, la socialización es responsabilidad de todos. Una vez más, al menos parcialmente, la pelota está en nuestro tejado.