Esta entrada es para comentarla
¿Dónde quedó ese espíritu renovado que nos prometimos con el nuevo nombre?
Bueno, seguro que no nos prometimos nada, pero está pasando ya mucho tiempo sin una nueva entrada ni comentarios, y estoy seguro de que, con el inicio de nuevo curso, temas hay.
¿No me diréis que no tenéis ninguna opinión sobre la nueva programación de Radio Euskadi? Que no habéis oído a Almudena en el Más que Palabras o a Vizcaíno en Onda vasca.
¿Y sobre la tregua? Algo habréis oído; alguna opinión tendréis...
Y sobre la crisis: que nos han hecho trampa y Euskadi estaba tan mal como el resto del estado, el paro aumenta y no se vislumbra una recuperación cercana...
¡Venga, animaos! ¡Cualquier tema vale! Lo que quiero es que comentéis.
Un abrazote.
Por cierto: si alguno de los que suele leer y comentar quiere se coeditor, escribir una entrada, proponer un tema, que lo hable con Mikel, que es el administrador del blog, porque supongo que se podrá hacer.
Y claro, si hay que consensuarlo entre los coeditores se habla, que pa eso estamos ;-)
Otro abrazote.
La crisis financiera explicada de manera sencilla
Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.
Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?
Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.
Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.
Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.
Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios.
VER PARA NO CREER

Por si las propuestas de quita y pon del gobierno de Zapatero, los oportunistas bombardeos derrotistas del PP y las negras predicciones de los expertos en economía no sembraran suficiente desconcierto, en los últimos días ha aparecido en los medios de comunicación la campaña ESTO SOLO LO ARREGLAMOS ENTRE TODOS que amplia el panorama de ofertas surrealistas para paliar los efectos de la crisis económica.
Este proyecto está impulsado por la Fundación Confianza una entidad «sin ánimo de lucro» que dice querer infundir en la sociedad los valores que ayuden a recuperar la ilusión, el orgullo y la credibilidad perdidos con la crisis. Personajes de «reconocido prestigio», entre los que se encuentran intelectuales varios, artistas, deportistas, gente del mundo de las finanzas y de otras procedencias, forman parte del elenco de colaboradores de esta campaña cuyo objetivo se resume en un manifiesto que, entre otras cosas, dice:
Llevamos demasiado tiempo viendo en todas partes lo mal que está todo. Es casi lo único que nos cuentan. Pero la crisis no solo está ahí fuera, también está en nuestras cabezas. Nos ha hecho perder la confianza, nos ha contagiado el pesimismo, el desánimo. Esto es lo primero que debemos arreglar, queremos recuperar la confianza... Tenemos motivos para animarnos… Historias de gente como tú y como yo, que se han enfrentado al momento, que demuestran que con ilusión, entrega y compromiso se consigue todo. Gente que cree en sí misma y lo demuestra a diario desafiando la crisis.
Con un presupuesto de cuatro millones de euros se hará la difusión en la red y en los medios de comunicación de los mensajes lanzados por los personajes mediáticos y de los testimonios de «personas anónimas» (de las que con su entrega lo han conseguido todo); y es de suponer que con ello empezará a invadirnos ese torbellino de alegría que servirá para darle la vuelta a la situación actual.
Si todo se quedara en pretender combatir con proclamas optimistas el efecto negativo de la crisis económica en el ánimo social, no tendría mayor objeción a la campaña que el cuestionamiento de su eficacia y el lamentar el gasto de dinero en algo tan poco novedoso. Incluso reconozco la sensatez de algunos mensajes si se aíslan del contexto general: la conveniencia de evitar magnificar los problemas, de no rendirse ante la adversidad, de saber apreciar la suerte de tener un entorno de gente que te quiere y otras cosas de este estilo, no dejan de ser cuestiones que se han de tener en cuenta, aunque su repetición machacona sin más alternativa no ofrezca demasiado consuelo a quienes sufren los efectos materiales de la crisis.
Pero lo malo es que esos mensajes aislados se enmarcan en un contexto global lleno de afirmaciones pretenciosas que descubren la falsedad de esa imagen inocente que se nos quiere vender. Insinuar que en el cambio positivo de actitud general está la clave para darle la vuelta a la situación de crisis es un fraude monumental y un insulto a los cuatro millones de personas desempleadas y a otras muchas que tienen encima esa amenaza y que saben que no hay la más remota posibilidad de que su ilusión y su entrega sean decisivas para cambiar las cosas. Y por si levantar falsas expectativas no fuera suficiente, la llamada a asumir solidariamente las responsabilidades colectivas con ese sospechoso Esto lo arreglamos entre todos, sin explicar qué es Esto ni quiénes son esos Todos, parece augurar que, lamentablemente, seguiremos colectivizando la solución de los problemas de unos pocos que siempre han privatizado sus ingentes beneficios.
Para intuir los verdaderos objetivos de la campaña es interesante conocer el elenco de generosos y desinteresados promotores que la respaldan, entre los que aparecen entidades tan destacadas por su filantropía como Telefónica, el Banco de Santander, las Cámaras de Comercio, La Caixa, Iberia, el Corte Inglés, el BBVA, Endesa, Iberdrola, Repsol, Abertis… y otras muchas ONGs de esa calaña.
En fin, que los principales causantes del desastre dejan para las mesas de negociación sus armas tradicionales y recurren a los ingenios del marketing y a las fundaciones benéficas para pedir el esfuerzo colectivo (léase, sacrificio de la mayoría) con exquisitas formas. No tengo la menor idea del impacto social que podrá tener esta campaña, pero, tal como van las cosas, me temo que si llegara a producirse esa epidemia de optimismo, los que siempre pagamos lo haremos sonriendo mientras que los beneficiados se reirán a carcajada limpia.
Woka Euskadi: Dí más y mejor sobre la crisis
Decrecimiento.
Crecimiento ilimitado.
Dejando al margen que es imposible en un sistema limitado como nuestro planeta, os propongo un juego: Decidme cosas que crezcan, si no ilimitadamente, al menos exageradamente. También podéis añadir las consecuencias de tal crecimiento.
Empiezo yo: Los tumores cancerígenos.
consecuencias: A veces la muerte.
¿Y si el decrecimiento fuese una buena opción?
No sólo lo digo sólo yo, lo dice desde hace tiempo Serge Latouche:
Hasta luego “primo” que llega la Navidad.
Hace unos días una amiga con mala leche y que es de los nuestros solo lateralmente, como dice ella, me comunicó con cierto cachondeo que había salido al mercado una mascota mecánica para niños que era un tricetatops. Parece tan tierno con esos ojitos sacados de alguna serie de dibujos animados de mi infancia que olvidé mi primera reacción de mentar a la familia de la del cachondeo. Después empecé a pensar en su precio, 350 “euracos” me dicen que cuesta el engendro (a que se nota que vuelve a cambiar el sentimiento). Liado con mis cosas y sin dejar de pensar en el bicho, recordé que
Pasadas tan “entrañables” fechas, un nuevo análisis, esta vez sin examen para no suspender; el ritual es siempre el mismo: observo los regalos amontonados en un rincón, pienso que la lotería pasó otra vez de largo repasando los taitantos décimos y las tropecientas participaciones (salud que “haiga”) y mientras consumo otro sobrecito de almax por los estragos de las últimas cenas con su champancito y todo me pregunto si valió la pena.
Vale, ya se que ahora me dirá javi que esto no es original y que ya se lo ha preguntado él en otras cien ocasiones o marieta se quejará de que os pongo deberes como si se tratara de la sección del “doctor neuronas” (;)) pero es que no consigo entender como año tras año caemos (caigo) en la misma trampa, como caemos en la vorágine consumista que en esas fechas afecta a todo y a tod@s, como aguantamos estoicamente la abusiva subida de precios aprovechando que el Duero pasa por Zamora aun habiéndonos pasado todo el año mirando de reojo los precios de las cosas más elementales, como nos gastamos hasta el oro del postizo sabiendo que pasada la “celebración” tendremos tal roto en el bolsillo que tardaremos meses en recuperar (y es que en febrero llega el extracto de
Siempre me ha sorprendido que en Semana Santa, en ésta “mi” Zamora, todo el mundo se saluda después de la procesión con un –hasta luego hermano- para pasar el resto del año sin hablarse. ¿Será que la navidad es ese periodo del año en el que todos deberíamos saludarnos con un HASTA LUEGO “PRIMO”?.

Un saludo
